Ocho activaciones en el Galeón, Ciudad de México

MICROSCOPIA-OLIGOR010Estamos casi listos para activar la máquina de la soledad en la Ciudad de México. Haremos ocho activaciones en el Teatro el Galeón (Centro Cultural del Bosque) entre el  7 y 17 de julio. Sólo caben 46 personas en la nave. Las entradas se pueden adquirir por adelantado aquí

Estamos con todo el deseo que hemos acumulado tras dos años lejos, el deseo de volver a México con todos estos objetos.

La ciudad nuestra, el cuidado hacia los demás: Rafael y Aracely, el cartero y la escribana de Tampico

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Aracely Avilés y Rafael Zúñiga

Durante el paso de La Máquina de la Soledad por el puerto de Tampico, conocimos al cartero Rafael Zúñiga y a la escribana Aracely Avilés. Ambos pertenecen a esta ciudad, ubicada en uno de los estados que ha convivido con los golpes más duros del narcotráfico en México, movimiento que ha dejado un saldo de miles de desapariciones forzadas y asesinatos de personas inocentes.
Ambos son servidores públicos que utilizan el objeto-carta como medio de relación con su comunidad, lo mismo que son testigos de las modificaciones urbanas que acontecen constantemente en su entorno. Rafael camina o se transporta en motocicleta, y recorre las colonias diariamente desde hace 30 años. Araceli trabaja en su escritorio, ubicado en los arcos de la Plaza de la Libertad desde hace 20 años. Los dos son así observadores públicos, cientos de imágenes se han grabado en sus recuerdos, capaces de explicar los cambios urbanos, y con esto queremos decir también, los cambios afectivos y proxémicos entre la misma población; ellos son cronistas activos de las transformaciones de Tampico.

Rafael Zúñiga pertenece a una segunda generación de trabajadores de correos, su padre se jubiló después de 49 años de repartir cartas. Nos contó que no hay ninguna colonia en la ciudad que pueda considerarse realmente segura, y que la gente vive con una constante sospecha, ya nadie deja las puertas abiertas, como antes. Durante sus repartos, él ha sorteado varias balaceras, refugiándose en los negocios que en el momento le dan asilo. Cuando se escucha un disparo, todas las persianas metálicas comienzan a cerrarse, una a una. En medio del miedo, entregar esporádicamente una correspondencia personal a alguien, y poder observar su gesto de alegría, es un hecho de los más emotivos y entrañables que según sus palabras, puede haber dentro de su oficio. Así también, adentro del clima de la desconfianza, él representa una figura en la que todavía mucha gente se sostiene anímicamente. Aunque las cartas sean cada vez más escasas, ver pasar al cartero, escuchar su silbato y recibir su saludo, despierta en varios vecinos, un sentimiento de ilusión. Como si encarnara simbólicamente, la intimidad del objeto que entrega, aunque éste, permanezca ausente. Por ello, se considera un buen compañero de luto cuando es el caso. Alguna vez ha llegado a entregar las cartas a un cliente habitual, que de un día para otro, ya no está. Sin embargo hay una urgencia optimista en los últimos meses, Rafael percibe que la gente necesita recuperar la cotidianidad de la ciudad, salir, caminar con calma, convivir, volver a abrir las puertas. Y él cree que esto es lo que ahora ocurre. Por más violencia que se ejerza en el territorio, la ciudad es y seguirá siendo de los pobladores, y es así como emergen las maneras más ingeniosas para sobrevivir, aunque sea en el centro mismo del temor.

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El viejo silbato de Rafael y la Olivetti de Aracely (su guerrera, como la nombra)

Por su lado Aracely, heredó el oficio de escribana de su tío-abuelo, Don Julio, un escribano veterano de los portales de Tampico, en donde existían muchos escribientes, debido al carácter portuario de la ciudad. Nos habló de una película que se filmó en Tampico en 1948 con Humphrey Bogart, dirigida por John Huston, El tesoro de la sierra madre. En uno de los planos, puede verse en los portales a los escribanos vestidos elegantemente, con sus antiguas máquinas de escribir. Ella en sus 20 años de experiencia, ha visto desde su escritorio como han abierto y cerrado negocios alrededor, ha testimoniado varias tragedias. Al igual que Rafael, se sabe una figura pública de la intimidad y la confianza, a ella acuden muchas personas que necesitan ayuda para gestionar asuntos burocráticos, y también para desahogarse de sus problemas. Historias, dice Aracely, “como la de la señora Juana, una mujer de 81 años a quien sus hijos despojaron de su casa y terreno y acuden a nosotros pidiéndonos ayuda y guía, pues muchas veces no saben a donde ir y con quien hablar […] Había también un señor que fue marino y perteneció a la SEMAR, quien por años escribió cartas pidiendo se le diera su pensión. Y así mil historias más […] Las personas esperan que con las cartas que redactamos para ellos, sus problemas se resuelvan. Y es lo que nosotros a su vez deseamos. Pues aunque no lo queramos, nos involucramos en sus problemas.” Aracely habla de AMOR. A la escribana lo que la mantiene en su oficio, independientemente del sustento diario, es la posibilidad de poder ayudar a las personas. Lo hace por AMOR. En este cuidado por los demás, la acompaña su vieja Olivetti, a la que llama “la guerrera”, porque ha estado ahí en las buenas y en las malas. Nos cuenta: “En 20 años he vivido muchas experiencias en este oficio, he visto partir al más allá a compañeros de profesión, dejando sus lugares vacíos, pues nadie puede llenarlos, y que debido al mundo moderno en que vivimos, hemos pasado a ser obsoletos, aunque nos aferramos a no morir tan pronto, sé que nos queda cada vez menos tiempo. Pero el que quede, espero poder seguir ayudando a las personas que así lo soliciten, con el mismo amor y entusiasmo como hasta el día de hoy.” Y hemos de decir, que durante estos dos años que llevamos con la máquina de la soledad, nunca habíamos visto una escribana tan joven.

Rafael y Aracely asistieron con sus familias a la versión que hicimos de la máquina en Tampico, Tampico, papel avión, pues además formaron parte de esta pieza. Esto sucedió en La Guarda, teatro de las sombras, Teatro emergente en estado de ocupación (Teatro para el Fin del Mundo) en donde se preparan ya las dinámicas para el tercer aniversario de la desaparición de nuestros compañeros Fernando Landeros, Omar y Jefté.  Seguiremos agradecidos con Aracely, Rafael y al equipo de La Guarda por esta apertura hacia la máquina de la soledad, finalmente poder acceder a esta calidez humana, es lo mejor que para nosotros tiene este proyecto.

Fernando Landeros entre nosotros

Tampico, papel avión. El principio de la ruta mexicana

CARTEL FINAL PAPEL AVION CON LOGOS(1)Lo hemos conseguido, ya estamos en México, a punto de trazar el principio de la pequeña ruta. Nos encontramos aquí con nuestra multitud de maletas, llenos de emociones encontradas. Estar aquí y ahora en México para abrir la puerta que conduce al diminuto espacio de la máquina de la soledad, abrirla por entre los afectos subterráneos, los que quedan suspendidos en la máquina de la colectividad silenciosa, y observar qué sentido tiene intercambiar aquí y ahora, la intimidad de lo sutil.  El objeto-carta es el vehículo de la auscultación. ¿Qué sentido tienen la delicadeza, la ternura, la intimidad, el detenimiento, la lentitud, los pequeños ritos escriturales y sus consideraciones éticas, en un país como México aquí y ahora? Haremos resonar las preguntas en Tampico. Tampico, papel avión, una célula de experimentación en torno al objeto carta en el puerto, desprendida y secundada por los dispositivos que usamos en la máquina de la soledad. La Guarda Teatro será el centro de este laboratorio, al que se suma la experiencia condensada, compartida por los compañerxs que activan el Teatro para el Fin del Mundo desde ahí. Mostraremos los resultados el 1 y 2 de julio. Gracias por esta acogida. Aquí comenzamos.

La máquina Fora do Mapa

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Manteles sobre la hierba, sol de Agosto y Manuel,  sigiloso entre los árboles y la banda, estira su brazo, lo alcanza y lo guarda con disimulo en el bolsillo interior de su saco. Una sonrisa hacia sus adentros. Los dedos atusan su bigote. Elisa, que lo ha observado todo, se sonroja, la marca fresca de sus labios ya viaja en la oscuridad de esa nave de lino. La huella de un gesto cotidiano convertida en carta escrita. La primera. Suspendida muy cerca de su corazón llegará a su cuarto y ya en la noche, antes de ser guardada en su escribanía, en el balcón de Elisa se sentirá un sonido microscópico: el roce de la pluma sobre la superficie del papel.

Serán las últimas tres funciones de la gira primavera 2016 de La máquina de la soledad antes de su regreso a México.

Festival Fora do Mapa. Ferrol (Galicia)

Centro Torrente Ballester / Concepción Arenal s/n

Venres 3 e sábado 4 / 21.00h

Domingo 5 / 17.00h

LA RED DE LAS (LOS) ESCRIBIENTES

Petra, la máquina de escribir de la escribana Lourdes Alva

La Sra. Lourdes Alva coloca el papel sobre Petra, el nombre que le ha dado a su máquina de escribir, una vieja Olimpia de color blanco; escribe una plegaria matutina que se queda ahí suspendida hasta que aparezca un cliente esporádico que le lleve a sustituir la hoja. Últimamente el rezo pasa días enteros detenido frente a los ojos de la escribana, quien ha levantado una catedral invisible sobre el cuerpo de la máquina. Pesa, Petra, pesa pero acompaña, testimonia, ha dado 72 años de comer.
El once de febrero del 2013 conocimos a Lourdes y a Petra, ambas llevan todo el tiempo señalado en el escritorio número 36 de la Plaza de Santo Domingo. Han visto cambiar el mundo, han visto la mudanza de la coreografía de las manos sobre objetos distintos que han servido para lo mismo: del tintero al bolígrafo de los caligrafistas, luego a la Oliver de los escribanos como ella, y ahora el paso a los que hoy en día prefieren una máquina eléctrica pero que después no han podido llegarle al precio de una computadora. Y es que, los soportales de Santo Domingo en el centro de la ciudad de México, se mantienen así, como un memorial de las obsolescencias escriturales. Nos cuenta Lourdes: “Por el año de 1960 todos los escribanos de este lugar, nos dedicábamos a escribir muchas cartas de amor, porque muchos de los enamorados no tenían el suficiente valor para enfrentarse a su amada y recurrían a una carta para poder expresar sus sentimientos hacia ella.” Lourdes heredó el oficio de su padre, porque las más de las veces este es un oficio de herencia, hay mecanógrafos de cuatro o tres generaciones sentados en sus viejos escritorios a lo largo de la arcada.

Lourdes y Petra fueron el principio de la máquina de la soledad. Con ellas recorrimos un par de estancias con conversatorios abiertos al público ¿Qué hay detrás de alguien que lleva 72 años escribiendo cartas por encargo? Lourdes teclea una y otra vez sus rezos sobre Petra, un objeto que se ha personalizado radicalmente en su vida, un bio-objeto entonces, una prótesis subjetiva, una extensión vibrátil de su biografía, nos sentamos en su escritorio y hablamos muchas, muchas veces desde esta su oficina abierta.

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Algunos de los encuentros con la escribana Lourdes Alva

Más adelante, en otro escritorio, está otro protagonista de la máquina de la soledad, el Sr. José Edith González de 81 años. Lleva 48 años de escribano. Es defensor de derechos de la gente del campo. Lo vemos a lo lejos, atendiendo a la Sra. Chuy de Tepito que va sobre silla de ruedas, le ayuda a redactar una carta afectiva dirigida a los médicos. Fuimos a su casa a tomar café cuando estuvo enfermo. Sus dedos tiemblan cuando no están tecleando. Nos habla de libros, del arte de cronicar, de interceptar el silencio, del poder de inmiscuirse en la psique de los demás. Le regalamos un libro por vez, poemas, ensayos, y cuando nos volvemos a ver, nos los recita de memoria. Además de ser escribano es un escritor. Nos cuenta: “Más de 200 años de ejercer el oficio en el Portal de Santo Domingo. Inicialmente fueron los amanuenses (su manguillo, tinta, un lienzo de algodón para secar, un recipiente de agua). Escribían lo mismo que escribimos ahora, cartas de amor (y contra ellas), y toda la gama del epistolario. Siendo una organización gremial, siempre ha existido renuencia al cambio, ahora y antes nos apodaron “Los Evangelistas”. Escribanos es la otra función que desempañamos, el primer rango es sólo copiar de textos o escribir lo que nos dictan. Como escribanos, intervenimos en la redacción, ayudamos a analfabetas y a eruditos. El escribano resuelve problemas, hemos revertido dictámenes de locura (por ejemplo), para ello se requiere estar en plenitud emocional.” Para José Edith, las cartas son algo parecido a lo que de ellas pensaba Carlos Monsiváis: “un ensayo de la personalidad […] uno de los métodos culminantes de la construcción de la psicología individual.” José Edith se adentra en el instante en el que el sujeto desea pero calla. Resuelve ese inventario de lapsos con su máquina Hermes, la conclusión ética de ese acto de traducciones es la génesis de un nuevo objeto de papel. Tú te lo llevas, y cualquiera que sea su porvenir, José Edith irá para siempre ahí impreso, en cada uno de esos frágiles perímetros de destino transitorio.

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Algunos encuentros con el escribano José Edith González

Al paso de la máquina de la soledad por sus rutas, preguntamos por los y las escribientes en cada región. Cada vez son menos los que quedan. En los países en donde el analfabetismo y las condiciones precarias de la vida predominan, ellos resisten, tienen el trabajo asegurado. Son consejeros comunitarios, redactores de documentos oficiales, se saben todos los trucos de la burocracia. Así conocimos a la tercera protagonista de la máquina de la soledad, la Sra. Elvira Hernández de los portales de San Luis Potosí. Ella vino al estreno de la obra con toda su familia. El archivo de sus memorias es de los más amplios, colecciona vivencias en las que ha intervenido, para apoyar diversas causas con su don de redacción. Dice: “Soy una persona, que desde era chica he trabajado, nunca he dejado de hacerlo, benditos mis padres que me enseñaron a ganarme el pan que me como, a la edad de 17 años, llegué a trabajar aquí, a las máquinas de escribir.” Ella ha ayudado a muchos familiares de migrantes a escribir sus cartas, a gente de la tercera edad que ya no puede escribir, a mujeres que han padecido violencia doméstica, la gente acude con ella para subsanar con la confección de cartas, conflictos personales que le dan a su escritorio un aire de asequible consultorio terapéutico. Elvira nos sonríe, mientras descansa sus manos sobre el cuerpo de su máquina de escribir.

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Encuentros con la escribana Elvira Hernández

Los (las) escribientes en devenir

Hemos iniciado una nueva etapa de la máquina de la soledad, en donde haremos resonancias, micro-redes del acto de ser escribana, escribano en otros contextos, principalmente en zonas de conflicto, sitios en los que habitan o transitan comunidades vulneradas. Estas acciones persiguen la indagación del objeto-carta como herramienta etnográfica, y del hecho ético escritural que entraña al escribiente para sondear en otros territorios afectivos. La primera de estas acciones se llevó a cabo en el Festival de la Bestia, encuentro artístico multidisciplinario para el migrante en tránsito en la sede de Las Patronas (Amatlán de los Reyes, Veracruz). Mujeres que durante más de 20 años han alimentado voluntariamente a los inmigrantes que viajan hacia Estados Unidos en el tren de la muerte. La acción fue realizada por Ángel Hernández y pronto publicaremos parte de la experiencia. Otra acción de escribiente en estado de emergencia, está por comenzar en varias comunidades alrededor de ciertas localidades de Colombia por parte de Francisco Arrieta.

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Ángel Hernández como escribano en la sede de Las Patronas durante el Festival de La Bestia. Foto cortesía del Festival de La Bestia

Escribanos de urgencia, escribanos que hacen observación participante, que recaban datos con autorización de los corresponsales. La subjetividad del escribiente empleada como estrategia para diagnosticar determinadas psicologías sociales, y la portatibilidad del escritorio y su praxis íntima y pública como performatividad.
Gracias a Francisco Arrieta hemos podido contactar vía carta con uno de los tantos escribientes de Medellín, en donde el oficio es aún vigente. El Sr. Hernán de Jesús Macías, iniciado en esta labor desde 1978. Nuestra idea es también generar una red de comunicaciones entre algunos escribanos veteranos, ponerlos en contacto para que dialoguen sobre sus oficios en puntos geográficos diversos. El Sr. Hernán de Jesús espera una carta del Sr. José Edith y viceversa, para abrir un sutil red de afecto escritural entre escribientes.

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El escribano de Medellín, Colombia, Hernán de Jesús Macías. Fotografía de Francisco Arrieta.

Un aspecto en el que concuerdan todos y todas las escribientes con los que hasta ahora hemos tenido contacto, es el sentirse satisfechos por servir y contribuir en algo con la hechura de sus cartas a la sociedad. Dice el Sr. Edith: “La sociedad nos moldea para que seamos útiles, nosotros somos temporales, estamos siempre al servicio de la sociedad.” Lourdes, Elvira y Hernán así lo reiteran, son servidores públicos, comunitarios, en atención constante a la ciudadanía que principalmente carece de recursos económicos. El Sr. José Edith se autodenomina “abogado de los pobres.” Nosotros seguimos la búsqueda, pronto abriremos una nueva categoría en este sitio para seguir el devenir de los escribientes que resuenan a la par de nuestro proyecto.
Nos gustaría que la máquina de la soledad se saliera de sí misma cada vez más.

Cartas encontradas. La historia de Javier

cartas de javierDesde que comenzamos este proyecto, hemos recibido por parte de amigos y espectadores, paquetes de cartas encontrados en mercados, rastros, lugares abandonados, etc. Sin darnos cuenta, nos hemos vuelto coleccionistas de documentos íntimos, de vidas narradas por sí mismas que revelan un cierto estado de las cosas, dentro de un territorio específico. Nos interesa recuperar lo que hay en algunas de ellas de “documentos históricos”, en el sentido de que son evidencias, testimonios de  aspectos culturales y socio-políticos que dan cuenta de fenómenos colectivos.

Por ejemplo, las que aparecen en la imagen,  son las cartas de Javier, un migrante mexicano a los Estados Unidos. En ellas, le narraba a su madre su vida en el otro lado, primero como campesino y después como empleado de la Ford, durante los años 60’s-70´s. Llegaron a nuestras manos por medio de un amigo que las encontró en un mercado. Entre los sobres había negativos de fotografías, el nombre de la madre escrito con una “Dymo”, documentos de la primaria de Javier y diez dólares que la madre atesoraba, envueltos en papel de plata. Intentamos localizar a algún pariente en las distintas direcciones escritas en los sobres, pero de momento no hay vestigio. Estas cartas evidencian el recorrido interior de un adolescente que migra, los distintos afectos por los que transita, que van de su primera ilusión de tener un trabajo cortando pepinos hasta su hastío laboral dentro de un típico modelo socioeconómico fordista. Los documentos muestran minuciosamente la metamorfosis de la esperanza, no sólo por la imposibilidad de escapar a la precarización, sino también por los detalles discriminatorios que vivió durante múltiples años, el protagonista de esta historia de vida.

A través del billete guardado en estas cartas, se atiende también a otra circunstancia. Era costumbre de los mexicanos que trabajaban en el extranjero, mandar remesas a sus parientes. Esta acción generó distintas redes de delincuencia por parte de algunos carteros mexicanos, quienes interceptaban la correspondencia que procedía principalmente de Estados Unidos en búsqueda de giros postales, cheques de pensión o billetes envueltos entre las cartas. Por ejemplo, durante el 2013, Correos de México denunció a un grupo de empleados en Ciudad Juárez, al hallar en casa de un cartero prófugo, toneladas de correspondencia abierta sin entregar en un lapso de diez años.

¿Por qué estas cartas terminarán en los rastros? ¿Y por qué estas cartas terminarán después en los muebles de la máquina de la soledad? Seguimos comprendiendo las fuerzas de estos movimientos, a la vez que las cartas parecen manifestarse en contra de su olvido.

Valencia, última parada de la gira de invierno

Estamos por cerrar el nomadismo “otoño-invierno” de la máquina de la soledad y será en Valencia. Estaremos tres días activando las últimas historias de este lado del continente para después partir hacia México. Del 29 al 31 del enero en pleno barrio El Cabanyal abriremos la intimidad de nuestro pequeño museo de objetos. El Teatre el Musical aloja nuestra frágil maquinaria.elisa y su doble 2

CARTAS DEL PÚBLICO. Intercambio de escrituras sin aceleración

De un tiempo para acá, una parte sustancial de nuestra investigación ha sido el intercambio de cartas con el público. Hemos recibido cartas abiertas muy duras hacia gente que ya no está, cartas con memorias concretas sobre el hecho en si mismo de la escritura de las cartas, cartas de niños y niñas que nunca habían escrito una carta excepto a los Reyes Magos, paquetes regalo con Historias de Vida encontradas en los mercadillos, pequeñas obras de arte-objeto sobre las cartas, poemas, cartas de personas de la tercera edad que viven solas aisladas de la tecnología, cartas de profesores de colegio que han creado dinámicas pedagógicas con la escritura de cartas después de ir a la máquina (y los testimonios de los alumnos), cartas de anécdotas surrealistas acerca de escrituras encontradas en botellas tiradas al mar, nuestro propio sobre ampliado como una carta gigante, cadáveres exquisitos, recuerdos de carteros, cartas de amigos que se han vuelto a escribir cartas o se han puesto a re-utilizar la máquina de escribir, Etcétera.
Si usted está esperando respuesta, es un hecho que le contestaremos; no se desespere que vamos sin prisa y por momentos tenemos el escritorio repleto. Si usted dejó una carta abierta de esas que no sabemos cómo entregar, suponemos que imagina que la haremos despegar, ahí en donde ya le hemos contado. Agradecemos al público por hacernos llegar todas estas palabras y papeles, estaremos a la altura. Hemos devenido en cierta modalidad de escribanos que reciben, re-activan y re-distribuyen en otros modos, los tejidos del uno frente a una antigua tecnología, muy esencial. Llegará un momento en que nos corresponda generar un documento de otro tipo con estos intercambios, por lo pronto, comenzaremos la fase de engrosar el “Archivo de Memorias” del proyecto, a partir de la puesta en práctica de estas maquinarias solitarias.cartas del público

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