Rosendo el “tipeador”

RosendoEn uno de los miles de portales que cubren de la intensidad solar a los guayaquileños, está instalada la oficina de Rosendo Ernesto Faggioni, escribano o “tipeador” -como le dicen en la ciudad- de 81 años de edad. Nos contó que a pesar de sus años, se ve obligado a trabajar porque no tiene quien le ayude.

Rosendo conserva su máquina de escribir marca “Brother” desde hace 50 años y alrededor de su pequeño escritorio azul, se amontonan los niños cada vez que “tipea”, hipnotizados por la novedad del artefacto; ahí suele colgar también un cartoncito con la leyenda “Escribo a máquina”

Rosendo, con su camisa de estampado tropical, guarda la Biblia en uno de sus cajones, nos habla de Dios y cada pequeño beneficio se lo atribuye a él; inclusive notamos que en la redacción de sus cartas, sin importar qué caso sea, siempre tiene cabida una mención divina. Parece que al introducir aunque sea una línea de “la palabra del Señor” sobre el objeto escritural, se cerciora de que ese documento cumplirá su cometido en una suerte de vaticinio. En  su inventario de recuerdos abundan las epístolas que tienen que ver con el perdón y el agradecimiento. Por ejemplo, el de aquél hombre alcohólico que acudía a verlo para que le ayudara a escribir cartas de disculpas a su madre, debido a su constante deseo de beber.

Cuando le preguntamos por la historia de su vida, se quebró ante nosotros sin razón aparente, en menos de un instante. Rosendo lloró y dejó caer literalmente sus lágrimas sobre el papel bond. Nosotros sentimos también un nudo en la garganta, sin nunca saber exactamente porqué lloraba y porqué queríamos llorar con él. Después de un rato nos dijo que para él las lágrimas representan pura dignidad, y que las personas nunca alcanzaremos a comprender la fuerza que puede tener la sustancia de una lágrima. Los niños mulatos lo rodearon y nos quedamos callados, viendo cómo nos entregaba la carta que contenía el papel que “tipeaba” cuando cayeron sus lágrimas.  Parece habernos dejado el objeto como una  prueba del derecho al silencio mientras se llora.

Rosendo instaló su escritorio frente a las Oficinas del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (I.E.S.S) en donde además de escribir cartas de todo tipo, realiza desde hace más de 20 años los trámites de las personas que acuden diariamente a hacer el papeleo para la jubilación por vejez y la jubilación por invalidez. Él junto a una compañera que tendrá su misma edad y que es “escribana desde hace 8 años”, entrarán este sábado 6 de mayo del 2017 a La máquina de la soledad en Guayaquil. Les vamos a hacer un pequeño homenaje.

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